Nueva faceta: Bello poeta lírico
Pero hay algo que tiene aún más importancia, y que imprime sello innegable de originalidad al trabajo de Bello. Prescindiendo ahora de cuál pudo ser la finalidad especifica, o más inmediata, que persiguiera al escribir esta obra poética, está claro en ella el hecho de que, lejos de ceñirse a la mera labor descriptiva, ni a exponer frías fórmulas de tipo didáctico, adobadas a lo geórgico, respecto de la vida o actividades en el campo americano, Bello se arriesga -diríamos-por un camino que podía considerarse vedado a la musa épica, si había ésta de atenerse a los severos cánones de la preceptiva seudoclásica. Porque todo el material poético que fue elaborando, y que luego creyó apropiado para la gran creación del poema a América, tanto el ya conocido de las dos Silvas, como sobre todo una no pequeña parte de lo que estaba hasta hoy inédito en borradores, es de un tipo de poesía no fácilmente clasificable bajo una denominación absoluta. Aun predominando cierta tendencia didáctica, y los pasajes descriptivos y narrativos, considerados globalmente todos los versos que Bello fue acumulando, no nos ofrecen un conjunto de mera poesía épica u objetiva. Lo objetivo sólo predomina en determinados núcleos o fragmentos, algunos de innegable importancia; pero el alma que informa todo el rico acervo poético de estos borradores, es en realidad un alma lírica junto a la vibración de lo objetivo bellamente expresado, se siente sin disimulo, el palpitar emocionado de lo subjetivo.
Es cierto, sin embargo, que esta observación o juicio, no podía hacerse con tanta firmeza, antes de conocerse todo el material inédito de estos borradores, cuando sólo se contaba con las Silvas publicadas en vida del autor.
Mas, volviendo al tema, parece de sumo interés para el crítico descubrir o comprobar esa marcada actitud lírica en la más importante y original producción poética de Bello, [XXXIII] porque contrasta vivamente con la actitud o tendencia general de buena parte del resto de su obra en verso.
Hagamos una observación que quizás ha sido ya escrita anteriormente por algún crítico, pero que no recordamos haberla nunca leído. Las poesías de Bello que hasta el presente todos conocíamos, y que en conjunto -y sobre todo las más originales- llegaban a un número no muy elevado, eran en su mayor parte y en su esencia, del género épico u objetivo. Las estrictamente líricas, o subjetivas, se reducían a muy pocas y además no sobresalían entre las de mejor calidad poética. La más subjetiva y de lirismo extraordinariamente bien logrado era, en opinión de todos los críticos, la admirable imitación de La oración por todos; o sea, una poesía no totalmente creada por nuestro poeta; y poesía cuyo original fue obra de un poeta como Víctor Hugo, en quien las manifestaciones líricas resultan a menudo cosa tan postiza como dudosa, si hemos de dar a la palabra «lírico» su más neta y genuina acepción. De Víctor Hugo ha escrito quien tiene autoridad para ello, que su poesía «ha salido más veces de la cabeza que del corazón» (9).
No puede, pues, negarse que Bello sabía sentir y expresar la poesía lírica, y de ello había dado al público algunas pocas muestras de excelente calidad; pero es más cierto y claro que con mucha mayor frecuencia, y casi habitualmente, se había dado a conocer como poeta de más connatural aptitud y acierto en el género objetivo (10).
Y no resulta tan difícil comprender la razón de esto, si se recuerda que los biógrafos generalmente señalan que aun cuando Bello era hombre de grandes afectos y de honda sensibilidad, sin embargo en lo exterior daba la impresión [XXXIV] de ser un temperamento frío y reservado, poco comunicativo de sus sentimientos íntimos.
Si pues nuestro escritor mostraba habitualmente en su obra una más fácil tendencia hacia la poesía objetiva, y a ello ayudaban incluso algunos rasgos externos de su temperamento, no puede uno menos de sorprenderse muy gratamente al descubrir que su mejor obra poética -aquella sin la cual su nombre de poeta original habría quedado grandemente mermado- es una obra que aun cuando en su esencia aparece objetiva -puesto que es poesía descriptiva y didáctica- sin embargo está no sólo matizada de importantes pasajes hondamente líricos, sino además envuelta toda ella en un como clima de fino subjetivismo; el cual aunque no se manifiesta con expresiones vivamente líricas, en cambio se respira y se hace sentir en casi todos los más importantes pasajes.
Los críticos que han señalado el carácter innegablemente lírico, que a la par con el épico tienen las dos famosas Silvas, han apuntado asimismo, con tino y sagacidad notables, la causa de eso que pudiera juzgarse como una anomalía poética (si es que en poesía, y en la inspiración de los poetas, cabe decir que hay anomalías).
Ese lirismo en unas composiciones de tema esencialmente objetivo, como lo eran las Silvas americanas, brotaba sin duda alguna del estado sicológico especial que embargaba al poeta en los días en que las escribió. Espiritual y afectivamente Bello tuvo que estar padeciendo, a partir de su llegada a Londres, durante largo tiempo, muy intensamente, como también después durante el resto de su vida, de mal de Patria; o sea de sed de la tierra nativa y de los seres queridísimos que allí había dejado. Añádase a esto que la cuerda de su patriotismo -entendido éste en su sentido más íntimo y personal- la tuvo siempre en tensión afinadísima. Por todo lo cual no era nada extraño que puesto en trance de creación poética, su alma vibrase con expresiones del más vivo sentimiento lírico, aun cuando la ocasión de su canto fuera de asunto objetivo. [XXXV]
Además, las circunstancias adversas y dolorosas que prevalecieron durante varios años en la vida política y en la gesta libertadora de Venezuela, y luego en toda la Colombia bolivariana; y los serios peligros que asimismo hicieron temer por la perdida de la costosa independencia, no menos que el desastre de temibles rivalidades y ambiciones entre hermanos, precisamente durante esos años de residencia de Bello en Londres, contribuyen a que éste sienta más hondamente aún sus añoranzas de la Patria distante.
Bien se comprende, a la luz de estos datos, cuál sería su estado sicológico, al ponerse a describir y a contar las bellezas del paisaje americano; y los tesoros naturales de aquellas tierras que habían enamorado al sol -según su gráfica expresión-; y las tradiciones de su antigua historia; y el valor y virtudes de que dieron buena muestra sus esforzados habitantes. Embebido en estos y otros pensamientos, era natural que la pluma se le enardeciese, y le rebosara en sentimientos y afectos que, aun cuando reprimidos y asordinados, se filtraban a lo exterior de sus versos.
Bajo la inspiración del momento, cobraban vida inusitada los recuerdos, y saltaban sobre el papel a despecho de la índole objetiva del asunto principal, sin que el poeta pudiera cohibirles la salida. Y aun cuando a veces lograra su intento, todavía quedaba latente pero no del todo disimulada, aquella otra sutil manifestación de afectuoso recuerdo, que se traslucía en el cuidado, cariño y minuciosidad con que iba citando y refiriendo cada cosa, y cada hecho, e inventando con arte inimitable las expresiones más bellas con que nombrarlo todo; como que escribía en esos momentos guiado e impulsado más por el sentimiento y el afecto, que por la sola razón y la habilidad poética.
Y es aquí, precisamente, donde creemos poder encontrar la clave o explicación de por qué se frustró el segundo intento del poeta, o sea el de dar nueva forma a lo ya escrito refundiéndolo en un gran poema épico. Es una razón o explicación que nos parece clara y concluyente.
El poema América, a juzgar por aquellas primeras muestras [XXXVI] que el propio poeta llegó a publicar, y dado el extenso material inédito que pensaba seguir refundiendo, y que ha llegado hasta nosotros aunque no del todo completo, prometía haber sido un poema de no escasa extensión, y por ello de muy elaborada estructura. Bello debió planear su intento a lo grande, sin mezquindades; tal como juzgó que lo pedía la grandeza del tema y el amplio título que quiso darle.
Además, tanto por los fragmentos publicados, como sobre todo por lo que se salvó en los borradores que ahora por primera vez salen a luz, se llega a la conclusión de que la obra proyectada abarcaría asuntos muy diversos, dentro de un tema que quería ser muy concreto. De las dos Silvas que todos conocemos, publicadas por Bello con título propio cada una, la primera, Alocución a la Poesía, es un fragmento de asunto geográfico e histórico, con un ligero pasaje descriptivo que sirve sólo de enlace y transición para entrar en la parte más extensa y ponderada, que es la épico-heroica, referente a los hechos y a los héroes sobresalientes de la guerra de la Independencia en algunas importantes regiones americanas. La otra silva, virgiliana por su título, La Agricultura de la zona tórrida, es un fragmento por antonomasia descriptivo, y sólo parcialmente geórgico; pero además lleva entreverado, como parte muy sustancial, todo un pasaje de enseñanza moral, con exhortación al trabajo, reconvención contra el vicio y la ociosidad, y anhelo de estimular el amor por la paz y por la armonía entre los pueblos.
De esta suerte, pues, su creación resultaba indudablemente épica, con inspiración y finalidad de muy variada especie; puesto que a la vez que geográfica e histórica, es también heroica, descriptiva y moral.