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Entrevistas

Abel Posse
Entrevista realizada en junio de 2005 en el barrio de Recoleta, Buenos Aires.

Decálogo de un escritor


Bueno, yo escribí una obra que tuvo una gran trascendencia en España y en varias partes del mundo, con muchas traducciones de libros que son literarios. Los libros han sido apreciados en su factor literario y es lo que me impulsa y me dio la mayor satisfacción.
He tratado de hacer una novela con una dimensión del lenguaje distinta de la que hacen mis connacionales. Yo creo que soy mejor que ellos. Y creo que yo hice en la novela, cosas que tienen gran valor en su búsqueda estética y en su logro del lenguaje, que son "Los perros del paraíso", "Daimón" y "El largo atardecer del caminante".
Yo soy muy purista en el lenguaje, ni siquiera tomo palabras de Buenos Aires, no legitimo el lunfardo, no me parece necesario. Uso un lenguaje personal, personalizado por mi estética, por lo que digo, por mi humor, por mi búsqueda. Pero no uso un lenguaje tradicional, normal. No, me parece que ese esfuerzo por meter palabras curiosas o del lunfardo, es pueril.
Estoy muy poco integrado en el medio literario y no soy muy querido. Yo nunca hice concesiones políticas. He sido absolutamente independiente en la política y ellos, en general, han sumido a la literatura en una visión muy de la política actual.
En cambio, los grandes escritores argentinos - ya sean Lugones, Borges, Bioy -, son gente que vivió por encima de la literatura. El escritor pone por encima la estética, y el escritor mediocre pone por encima la ideología.
La soledad no tiene que ser sufrimiento ni aislamiento. Hay soledad sin aislamiento y es la soledad del ser que se siente seguro en sí mismo. Yo creo que hay que tender a eso. Pero en todo caso, no es nada fácil la vida del escritor. Sus luchas estéticas: si cree, sufre más. Porque la literatura es casi un hecho… crear un valor literario es realmente muy difícil y se sufre mucho no lograrlo.
En todo caso, la vida literaria es un continuo interior y verdaderamente el único esfuerzo de un escritor es conseguir su propio lenguaje, su propio estilo. Caer en su propio gozo, en lo que puede hacer.
La única sabiduría que tiene que tener un escritor es no equivocarse entre lo que puede hacer y lo que no puede hacer: ese límite hay que conocerlo.

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